Categoría: Perla de Sabiduría
4 Febrero 2007
La experiencia directa no había funcionado: tenía que resignarme a la erudición. Así va el mundo: la cosa parece próxima, inmediata, pero hay que dar un rodeo largo para llegar a rozarla, siquiera fugazmente, con la yema de los dedos. Nada de lo que nos interesa verdaderamente nos es directamente accesible. El cuerpo que suponemos desear es una superposición de proyecciones culturales inculcadas por el sistema tortuoso que quiere justamente impedirnos su goce; nuestro plato preferido, la única opción que nos deja un repertorio rígido canonizado por la costumbre. El pasado más remoto, la puesta de sol que estamos viendo o la naturaleza exacta de la punta de nuestra lengua, sólo tienen un sentido o por lo menos alguna descripción plausible en algún capítulo o en algún volumen de una interminable biblioteca. Atrincherarse en lo empírico no aumenta el conocimiento, sino la ignorancia.
Juan José Saer. " El río sin orillas"
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26 Febrero 2006
Hasta Hace unos años hablar de diseño desde Bogotá Colombia era referirse a un desarrollo que se daba en un ámbito cultural externo y lejano ó en otra escala, a una trayectoria local mucho más familiar y artesanal. Hoy formamos parte de un nuevo escenario internacional con permanentes transformaciones tecnológicas, económicas y sociales.
Es evidente que el proceso acelerado de mundialización que nos envuelve y la reiterada presentación en sociedad de la "Aldea Globlal" persiguen un control de consumo en cada uno de los distintos segmentos en que se ha programado el mercado internacional.
Este objetivo, que por encima de sus aspectos económicos lleva implícito una suerte de colonialismo cultural, tiene distinto éxito según las diversas culturas sociales; ya que todavía Nueva York es diferente a Tokio y aún los Ángeles, y San Pablo Tiene diferencias con Rio de Janeiro y Buenos Aires, Por ende con Colombia. Diferencias que se dan en su alimentación, en los hábitos higiénicos y modalidades sociales.
Pero simétricamente a esta persistencia de las identidades locales, los Walkman, los Fax, el X-Box, los artefactos informáticos, McDonald's (por citar algunos ejemplos) son los productos mundializados o "migratorios" encargados del control del mercado globalizado desde Pekin hasta Ushuaia.
Simplificado, podemos decir que, nos encontramos con dos grandes sistemas de productos. El primero de estos conjuntos está constituido por los que denomino migratorios ya que se han instalado en todos los mercados sin esfuerzo y en la mayoría de los casos con el éxito previsto. Estos artefactos no tienen referentes nacionales identificables hasta el punto que su marca está por encima de su origen de fabricación (la que se encuentra diversificada en todo el mundo según las condiciones coyunturales del costo de producción).
La intervención del diseño en este tipo de productos, seguramente seguirá localizada en las sedes centrales de las marcas, salvo que las modalidades propias de cada mercado exíjan la intervención (como ya esta sucediendo) de profesionales locales con el fin de realizar las adaptaciones necesarias o la propuesta de alternativas más adecuadas.
El pasaje a la sociedad digital seguirá transformando los comportamientos, los objetos y los espacios, creando en consecuencia nuevos territorios y nuevas fronteras para el diseño.
Precisamente en este marco referencial se ubica el segundo de los sistemas mencionados ya que incluye los productos o procesos relacionados con los problemas más complejos de la sociedad y que por lo general presentan un alto condicionamiento por parte del contexto territorial y cultural.
En este sistema se encuentran los sistemas de equipamiento (urbano, comunitario, sanitario, residencial y empresario), las instalaciones industriales de gran complejidad como unidades especiales de transporte, máquinas herramientas y finalmente una serie de requerimientos sociales que por lo general estan dificilmente formulados y con situaciones conflictivas entre los expertos; los usuarios y los agentes públicos. Es justamente en esta mutación conflictiva de los comportamientos comunitarios en la que habrán de detectarse de aquí en adelante, los nuevos problemas en los que el diseño tendrá la difícil responsabilidad de proveer la interfase humanizada entre la tecnología digital, sus efectos secundarios (economía sin trabajo, marginación educativa de amplios sectores, crecimiento de la tercera edad) y una sociedad cada vez mas diferenciada. Temas que además, no podrán eludir la crisis mundial de los recursos naturales y de la gestión ambiental.
Este proceso de globalización, es en realidad la etapa reciente de las transformaciones económicas y tecnológicas que arrancan en los años 70's y que han conformado un contexto sumamente competitivo en el cual la economía incorporó la "innovación" como atributo prioritario de la comercialización y como un medio de diferenciación y "posicionamiento" del producto.
A lo largo de estos cambios se desarrollaron nuevas Áreas de Gestión como la logística, la Reingeniería, el Planeamiento Estratégico y el Marketing, cada una de las cuales adquirió una importancia relevante en las decisiones sobre el producto.
En este proceso, el diseñador y no hablo solamente de este país, fué quedando rezagado, fundamentalmente por una inadecuada comprensión de los puntos de vista de los agentes de la economía y de las empresas, a quien debería coordinar.
Si coincidimos que estamos en la era del conocimiento y que el saber será la energía prioritaria de los próximos años, podemos afirmar que frente a la abrumadora información informática, será indispensable saber como aplicar los conocimientos más apropiados (es decir, aprender la gestión del saber) para diagnosticar y solucionar interactuando cada vez más con otras disciplinas, conflictos y temas que hoy ni siquiera están formulados.
Este es a mi juicio, el desafío más importante para el diseño presente en los próximos años, ya que los nuevos problemas sociales y ambientales, complejos y sistemáticos; Siempre formarán parte de cada una de las diversas modalidades territoriales y culturales, y por o tanto dificilmente podrán ser absorbidos y resueltos por la red de la gestión globalizada.
Neffertari.
revista CONTEXTOS, Revista de la FADU, septiembre de 2000 / Número 2. Pabellón III / 4° piso/ Ciudad Universitaria/ Buenos Aires.
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12 Febrero 2006
¿No es la identidad una caja? ¿no es ella misma en tanto categoría estable, excluyente de códigos comunicativos y de pertenencia?
El lenguaje donde ella (la identidad) está instalada no cesa de encerrarse en sí mismo, de padecer una reclusión progresiva. El lenguaje no es un campo abierto a todas las posibilidades, y para que llegue a serlo, para que llegue a ser un campo abierto a todas las posibilidades de pensamiento y de expresión, ha sido necesario que la literatura y otras expresiones pasen por verdaderos actos subversivos y revolucionarios contra los poderes que lo domestican
Porque antes de consolidar una confianza hacia la identidad como hilo conductor de una búsqueda sobre la esencia, debemos demostrar que ella no es un principio de exclusión. Especialmente cuando ya no hay una sóla historia, ni un solo principio de interpretación del pasado, y mucho menos una dirección definida, vector que antes dirigió la modernidad a su sueño de unidad y progreso. De la utopía a la heterotopía. Viéndonos así, inevitablemente insertos como individuos y ciudadanos en la trama multicultural que es ahora Latinoamérica, ¿cómo podríamos ponernos en manos de la identidad si ella es excluyente (y exclusiva)? Personalmente encuentro inaceptable renunciar a la variedad y superposición de exógenos (?) discursos, afectos, pertenencias y personajes que configuran la vida cada uno, desde su microscópica intimidad hasta la más temporal de las convicciones.
Aparecen dos alternativas: La primera, la migración de la identidad desde el pasado al futuro, convertida entonces en un proyecto vital, por definición inagotable y por convicción no excluyente. La segunda alternativa, destituir la identidad de su estatus, tal como propone Edgar Garavito:
Si quitamos el principio de identidad, mundo, lenguaje, concepto, acción, pensamiento, dejan de ser casilleros aislados, separados unos de otros, y se resuelven como una sola fuerza maquínica, triunfal, deseante. (...) Para que el único principio que realmente ilumine el camino en la condición contemporánea sea el principio de la diferencia, en donde vida es todo lo que es y en ese “todo lo que es” la afirmación de la mayor cantidad de diferencias posibles.
Reconociendo tal crisis del principio de identidad, podemos proseguir con nuestra búsqueda de metáforas, y plantear la vivencia de lo latinoamericano en un esquema de flujos e intersecciones de rutas. Para algunos, todavía intoxicados con la esperanza del desarrollo tecnoeconómico, una autopista desenfrenada, violenta, separada de la realidad pero atravesándola como una lanza. Para otros, la lentitud laboriosa del camino veredal sin pavimentar; para otros más, el espejo aséptico de las redes virtuales y la teleparticipación. Y es que la calle, como esos patrimonios esenciales, puede ser recorrida por todos sin que sea de nadie. ¿Es ésta una metáfora optimista? ¿Crítica? ¿Pesimista? Un poco de todo y nada, cuando mucho esta por verse y por decirse. Hablar de las calles, de la rutas, es una manera de retomar lo dicho por García Canclini: Entender que paso con la modernidad en Latinoamérica se logra recorriendo las calles de sus grandes ciudades, adentrarse en sus barrios y paladear las bellas contradicciones.
Martes, 02 de Marzo de 1999 01:57:18 p.m.
Citas: GARAVITO, Edgar. “Autonomía y Heteronomía del Discurso Excluido”. Magazín Dominical, No. 821. Periódico El Espectador. Santafé de Bogotá, 7 de febrero de 1999.
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12 Febrero 2006
La identidad se encuentra lejos de aquella categoría del presente que gustamos llamar cotidianidad. Amarrada durante mucho tiempo al pasado, denso sentido de la mismiedad sedimentado durante largas historias y reflexiones, se desdibujó de repente ante el acoso brutal de la modernidad, cuya única tradición, como diría Octavio Paz, es la tradición de la innovación. Pero sería apresurado levantar el dedo acusatorio, casi tanto como olvidar los legados de la memoria. Lo que si es conveniente señalar, y con una sonrisa, es que el desencajamiento que produce la modernidad también la ha afectado íntimamente. Escepticismo, desilusión, o simplemente la desmitificación de la desmitificación (frase fetiche de las clases de estética contemporánea del profesor De Zubiría), el estado de ánimo se ha tornado posmoderno. No una condición posterior, sino una conciencia que se completa.
Pero el destierro de la identidad del pasado no la ha aproximado al presente. Herrabunda, la identidad se ha adentrado en el futuro e irradia desde ahí su llamado. Paradoja: Ya no sabemos quienes somos, perdida está la certeza de una historia y pertenencia indiscutibles. Sabemos de un querer ser, de un seremos en constante juego de completarse, de tomar nuevos rumbos. La identidad, de súbito, adquiere propiedades hipertextuales: el acto de leer y circular los discursos de pertenencia, es al mismo tiempo un acto de escritura, por que las lecturas son múltiples y polivalentes.
El presente, a su vez, se enriquece. Una movilidad, una plasticidad, liberan al hacer diario de la carga de lo indiscutible y posibilitan una dimensión crítica hasta ahora inédita. Sería ingenuo olvidar que todo movimiento de la historia es tan bello como nefasto, según la vocación ética de sus actores; aclaración que nos ilumina en más de un sentido, porque el espacio de discusión también puede ser adoptado por los mecanismos de poder, y la curiosidad puede ser reemplazada por aterrador conformismo. La contradicción, la naturaleza de múltiples opuestos explica en gran parte que la posmodernidad sea la otra faz de la modernidad, la ausencia de certezas una esperanza y/o la esperanza un bastión posible de la alienación.
No estamos ante una encrucijada, en razón de no haber caminos rectos después de éste cruce. Adelante, el cruce es la materia que compone todo camino. Y de este bricolaje surgirán identidades mosaicas, relevantes mientras sean significativas, evocadoras, y no como imposiciones de un consenso asimétrico sobre lo verdadero y lo supuestamente universal. Hay en ello una aspiración de libertad. Liberación del recalentado conflicto entre igualdad y diferencia, de las obligaciones hacia un pasado que nos exige separarnos del otro por ser distinto, de los malestares hacia un futuro que nos exigía igualdades de carne de cañón. Libertad en pro de una actitud proyectual hacia el ser, que nos describa la libertad con preguntas encantadores, y no con himnos o estadísticas demográficas (...)
Jueves, 18 de Febrero de 1999 02:24:02 p.m.
servido por David
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13 Diciembre 2005
Pero el proyecto moderno se muerde la cola y le sabe a contradicción: su reverso es un vientre tatuado con los souvenirs de todas las naciones, etiquetas de puertos y hoteles, de shows y cabarets. La obra evangelizadora de futuro, unidad y racionalismo se valió de ingerir toda la diversidad del mundo en cómodas postales. ¡Pequeño burgueses del mundo, uníos! Podéis fascinaros desde vuestras reclinomáticas con los ojos rasgados que se fascinan, a su vez, con el pelo engominado del hijo de la vecina que mueve indecentemente las caderas al cantar sus vicios. Un mundo Reader’s Digest, de museos que saquean lugares santos, de campañas punitivas en pro del libre mercado, de documentalistas hipócritas que moralizan a discreción.
Acá lejos, al borde, zona misionera por excelencia, han llegado las oleadas de redención, una tras otra: abonado el terreno por la contrarreforma, cada técnica de control del albedrío encuentra su variante criolla y floreciente. (Dominio, emancipación, siempre es la economía, estúpido). Sobre un modelo feudal de tenencia de la tierra y su defensa mediante el uso privatizado de la fuerza bruta, se han superpuesto sucesivas reformas económicas. De la tierra a la máquina, de la máquina al procedimiento financiero, del procedimiento financiero a la reelección y contrarreforma agraria. Caudillismo, auxilios y vallenato.
Hace treinta años germinaron los primeros diseñadores industriales en ésta tierra inhóspita. La lógica de virreyes y encomenderos solo privilegia dos escenarios: el engorde producto de concesiones a dedo, o el saqueo revolucionario en su variante mafiosa. Eso, y el yugo bananizante de la doctrina Monroe y las metodologías J. Edgar Hoover, deformaron la industrialización en una raquítica variante de las haciendas, teta por otra parte seca para un sindicalismo perezoso.
Y los diseñadores industriales medraron por vocación: siempre ha habido astronautas, siglos antes de los cohetes. Uno es diseñador por que quiere, por que le duele, y es a la vez cacharrero, cositero y artista sin pretensiones. No hay demanda, no hay mercado laboral. Y ya no lo habrá. No como se concibió en épocas heroicas de “sustitución de importaciones” e “inserción del diseño en la industria”. ¿Cuál Industria? Esa revolución pasó tocándonos de ladito, dejando tras de si multinacionales hipertróficas como hidras, naciones convertidas en sindicatos que se automutilan la seguridad social, y pozos de inmundicia que antes eran campos y ríos. Somos una despensa de recursos naturales menguados por una administración cortoplacista y complaciente, y una maquiladora que a duras penas sobrevive malvendiendo el talento de artesanos integrados como creadores de tercera, justamente sin el derecho a crear.
Si queda alguna esperanza, es que nunca hay esperanza.
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10 Noviembre 2005

¿Los mismos sádicos que dividieron el trabajo en una línea de montaje fueron quienes aprendieron que en la guerra la carne de cañón debe ser protegida, para que cumpla su función de matar concienzudamente por la patria? Disolviendo la destreza en una serie de operaciones simples pero idiotas, para ser repetidas de manera mecánica y hambrienta, convierten al hacedor en operario, engranaje. Disolviendo la conciencia en la fiebre romántica de la identidad y el sentimiento, se convierte al sujeto en mártir. El incómodo pueblo, ese que se revuelve y degüella a la aristocracia y a quien se atraviese en el proceso, se reedita como masa, capaz de comportarse como organismo colectivo, suma de apetitos, pulsiones y carencias iguales.
El florecer de los medios de producción se institucionaliza sobre el círculo vicioso de un esclavo que se libera como proletario, comprador y agente del sistema. Un esclavo en outsourcing. La persona cae en la categoría de usuario y consumidor: Soy porque uso; soy aquel que desea, adquiere, posee y en el proceso, agota. Lentes miopes y reduccionistas del milagro de lo humano, jaulas para el alma de quien proyecta y para quien vive los proyectos.
El pensamiento industrial se cebó de tales ideas: serialización, estandarización, ergonomía y estilo son eufemismos de un sentido repugnante y cojo de lo humano, que con la necesaria y candorosa idea de lograr la democratización del acceso a bienes y producción, se permitió mediocrizar sistemáticamente oferta y demanda, producción y consumo.
Mediocridad del espíritu, en un diseño que niega al individuo, lo maquiniza, y lo condena a objetos blancos, puros y eternos, como paciente que se interviene a si mismo en un quirófano. Mediocridad del gusto, en otro diseño que se adormece en la gula de efectos fáciles, placeres aerodinámicos y satisfacción victoriosa.
Hemos heredado el doble filo romo del paradigma de occidente. En palabras de Morín:
Por una parte antropocéntrica, egocéntrica, cuado se trata del sujeto (porque está fundada en la auto adoración del sujeto: hombre, nación o etnia, individuo); por otra parte y correlativamente manipuladora, congeladamente “objetiva”, cuando se trata del objeto.
Hemos sido criados en medio de la guerra fría de Apolo y Dionisio en su versión para dummies.
servido por David
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